‘¿Qué es lo que tú quieres?’: Dos negocios hispanos abren en Chatham a pesar del COVID-19

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Pocos se atreverían a arriesgarse a un cambio de carrera durante una pandemia que asfixió la economía de Estados Unidos y dejó a millones sin trabajo — sin embargo, eso es exactamente lo que Jimmy García, residente de Pittsboro, decidió hacer.

Hasta septiembre, García, de San Luis Potosí, México, trabajó en la limpieza de ventanas de rascacielos. Hoy en día, es dueño y opera una tienda hispana, Tienda Hispana El Rayo, con su esposa, Tanya. La tienda abrió el 16 de octubre en 119 Hillsboro St. en Pittsboro, en la antigua ubicación de una agencia de seguros.

“(Quería) tener más oportunidad y estar con la familia porque es como cualquier emergencia, podemos cerrar”, dijo García. “Para cualquier cosa que necesitemos, podemos cerrar por un tiempo, ir a la casa, regresar. En este trabajo, como yo trabajaba antes, no tenía las posibilidades de salir temprano”.

Nombrada la Tienda Hispana El Rayo por el equipo favorito de fútbol de García, Los Rayos, la tienda se encuentra entre Circle City Books & Music y Deep River Mercantile. En la pasarela, hay un gran letrero frente a su escaparate de doble puerta que anuncia: “Estamos ABIERTOS”.

En el interior, la tienda está llena de arte, comida y colores.

“Tenemos artesanías, pinturas que pinta mi esposa”, dijo García. “Tenemos para envíos de dinero, pan dulce y comidas. Hay de todo un poco”.

Dulces, bocadillos y papas fritas — a precios baratos para los niños — se alinean en los estantes de un cuarto en la parte trasera de la tienda. A la derecha, varias mesas exhiben cerámicas hechas a mano y algunas pinturas pequeñas. Cerca de la ventana, un burro azul con un collar de flores te guiña un ojo.

Pintado por Tanya, el burro es tan azul como las paredes que rodean la caja registradora y unas vitrinas de mascarillas decoradas, pan dulce y calaveras del Día de Muertos.

“Yo quería que la gente venga y se sienta bien feliz cuando se entraban mirando los colores”, dijo Tanya. “Así (hago) las pinturas y todo que hago con muchos colores porque me hace sentir mejor en los tiempos que estamos ahorita”.

Muchos de los artículos expuestos fueron fabricados localmente, incluidas las mascarillas de tela, pinturas e incluso llaveros. Algunos amigos y miembros de la comunidad dejan sus productos hechos a mano o pintados a mano con los García y reciben parte de las ganancias si se venden. Eso es parte del propósito de la tienda, según García — atender las necesidades de la comunidad hispana local.

“Lo que queríamos es hacer algo que necesitaba la comunidad”, dijo Tanya. “No hemos tenido nada de tiendas hispanas creo que hace casi 11 años aquí en Pittsboro. ... Todos tienen que ir hasta hasta Sanford o Siler City o Wake County para comprar cosas”.

Dijo que por eso siempre le preguntan a todas las personas que entran en la tienda: “¿Qué es lo que tú quieres? ¿Qué es lo que necesitamos? ¿Qué es lo que nos falta?”

Incluso ahora, García dijo que todavía están buscando aumentar su inventario, y en este momento, las especias están en la cima de la lista.

Aproximadamente un mes después abrieron, dijeron que el negocio va bien, aunque ha sido un poco lento — aún cuando el gobernador Roy Cooper levantó gradualmente las restricciones de COVID-19 a las empresas en septiembre y octubre.

“Nosotros esperamos después de todo ese tiempo que ellos pasaran tantas reglas”, dijo Tanya y agregó: “A nosotros no nos afectó mucho todo eso”.

En cambio, García dijo que su mayor desafío ha sido dejar que la comunidad sepa que están aquí — y dónde están.

“Hay ratos o horas que no entra gente y otros duran un tiempo, dos horas, que no pasa nada. Está despacio”, dijo. “Mucha gente nos dice: ‘Sabemos que hay en la tienda hispana, pero no la miramos’. No la encontramos y pues es difícil porque también si no camina la gente aquí, no la mira”.

No se trata solo de personas; Google Maps tampoco puede encontrarlos por su nombre. Por eso los García empezaron a poner letreros en la pasarela y en las ventanas. También crearon varias cuentas en las redes sociales y publicaron algunos videos solo para mostrarles a las personas dónde se encuentran y cómo se ve la tienda.

“Creo que mucha gente pasa y se pregunta, ‘¿Qué es eso?’ pero no querían entrar”, dijo Tanya, riendo.

“O unas personas entran y dicen, ‘O, ¿tienes para llevar?’ Piensan que es un restaurante”, añadió García. Más tarde, dijo bromeando: “A lo mejor necesito poner algo de comida para atraer a más clientes”.

Aunque ambos tienen preocupaciones para el futuro de la tienda — especialmente mientras se acerca el invierno y mientras el virus se propaga por todo el país — también son optimistas.

“Estamos ganando más que yo pensé por empezar”, dijo Tanya. “La comunidad, los amigos que tenemos aquí nos han aportado mucho”.

“Y muchas personas nos han dicho, ‘Wow, que bien que haya una tienda que no tenemos que ir más lejos a mandar dinero, a comprar el pan, a comprar cosas’”, añadió García. “Es importante 

‘Estuve a punto de ya no abrir’

La Tienda Hispana El Rayo no es el único negocio hispano nuevo de Chatham. En Siler City, Bernardo Gallegos Rodríguez, un inmigrante mexicano abrió recientemente una panadería, llamada la Panadería y Pastelería Melanie en honor a su hija menor.

Pero su experiencia al abrir una tienda fue casi exactamente lo contrario a la de los García: mientras ya tenía la clientela y la comunidad ya lo conocía, las restricciones y cierres causados por la pandemia casi frustraron su expansión en el condado de Chatham.

Gallegos Rodríguez, de 39 años, abrió una panadería, la primera panadería Melanie, en Biscoe hace unos ocho años. Primero pensó en expandirse a Siler City hace cinco o seis años mientras traía pan a La Posadita, una tienda mexicana ubicada en el municipio.

“(Siler City) me llamó la atención”, dijo, pero no actuó hasta el 2018, cuando alquiló un espacio para vender pan en Compare Foods de Siler City.

Cuando llegó la pandemia, el propietario ya no le quiso rentar, por lo que Gallegos Rodríguez trasladó su negocio a su dirección actual — 224 N. Chatham Ave. Entonces, cuando abrió el 18 de septiembre, ya tenía una base de clientes leales, la mayoría de ellos hispanos, que lo habían seguido al centro. Además, desde que estuvo en el centro, dijo que incluso había conseguido nuevos clientes.

“Viene mucha gente aquí a comprar pan que allá no iba”, dijo, y agregó: “Viene mucha gente americana que viene a comprar aquí. Entonces ya está mucho mejor aquí que allá en Compare Foods”.

El negocio va muy bien, dijo, y no le preocupa en absoluto tener que cerrar.

“A pesar de que llevamos dos meses pongámos, es rentable”, dijo, y añadió: “Como dueño del negocio, pues está tranquilo, que sabes que se está manteniendo ... Lo que nos ayudó es que ya mucha gente ya nos conocía. Ya conocía el nombre de la panadería”.

Pero fue increíblemente difícil llegar a ese punto, explicó Gallegos Rodríguez. Después de trasladar su negocio al centro, pasó casi cinco meses tratando de asegurar las inspecciones de incendios y saneamiento que necesitaba para abrir. Pero el COVID-19 obligó a la mayoría de las oficinas gubernamentales a cerrar o reducir los servicios, así que nadie respondía a sus solicitudes de inspección.

“Entonces estuve a punto de ya no abrir”, dijo.

Siguió llamando y llamando — solo para que casi siempre le dijeran que llamara a otro número, lo que resultó en un flujo interminable de números de teléfono y llamadas perdidas.

“Yo llené una hoja de números”, dijo, y agregó: “Llamas eso, otro. Entonces no había respuesta de nadie, que si no, me dieron un nombre, otro nombre, así, que aquí, de para allá y de para acá fue y vino. Y pues sí llega el momento en que dices, ‘No, tú también ya te estresas,’ dices no, ‘Pues ya no’”.

Mientras tanto, continuó rentando un edificio que aún no podía usar, y el COVID-19 había dañado los ingresos de su panadería en Biscoe. Estaba a punto de dejarlo todo cuando “ya se abre una luz al final del túnel”.

Por fin recibió una respuesta de los inspectores del departamento de construcción, incendios y salud del condado. Llegaron a los pocos días y completaron las inspecciones requeridas, lo que le permitió a Gallegos Rodríguez abrir finalmente su tienda el 18 de septiembre.

“Es difícil de por sí abrir un negocio. Sin pandemia también es un poco complicado por una cosa con otro”, dijo, especialmente ya que no habla el inglés. “Entonces así se triplica la dificultad porque tío no te da una respuesta nadie … y no sabes ni qué hacer. Entonces, pero sí, ahí estamos. Sí, abrimos y aquí estamos”.

Siempre habrá buenos y malos tiempos, dijo, y hay que aprovechar la oportunidad cada vez que te llamas a la puerta.

“Puede que no hubiera presentado otra vez la misma oportunidad”, dijo. “Se presentó en un mal tiempo la oportunidad y eso. Sí, fue un poco difícil porque yo acabé de pasar una pérdida también grande, pero pues tenemos que seguir saliendo adelante y no había de otra. Entonces pues sí, todavía seguimos”.

Se puede contactar a la reportera Victoria Johnson en victoria@chathamnr.com.

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